Estoy en mi cuarto y último año de carrera de Grado en Educación Primaria. Por lo que, en pocos meses, ¡seré por fin maestro!

En segundo, tercer y cuarto curso tenemos una asignatura que se llama Prácticum -I, II y III, respectivamente-, que consiste en hacer prácticas en un colegio durante unas semanas: cuatro el primero, ocho el segundo y el tercero.

El primer prácticum lo hice en mi colegio de toda la vida, el Colegio Calasancio. Puedes leer qué tal me fue en esta entrada:

Prácticum I. Colegio Calasancio

El año pasado lo realicé en el C.E.I.P Juan Rufo, ya que me recomendaron que conociera otras realidades. Así que probé en un colegio público, después de haber estado el año anterior en el Calasancio que es concertado.

Este año me decanté por aprovechar el convenio que tiene Sagrado Corazón con LAI, una empresa que ofrece, entre otros servicios, la posibilidad de hacer el prácticum en el extranjero. Las opciones eran Inglaterra, Irlanda y Finlandia.

Quise hacerlas en Finlandia por conocer la realidad de un país que nunca había estado y que, sobre todo, tiene unos resultados en PISA muy buenos.

Así que aquí estoy, desde hace justo una semana, en Ylöjärvi.

Vivo en una casa de una familia finlandesa, con dos niños que son alumnos del colegio donde hago las prácticas.

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Cada mañana voy al Kauraslammen Koulu y el camino que hago es muy bonito.

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El colegio tiene tres sedes en la ciudad: Asuntila, con clases de primer y segundo grado; Veittijärvi, de primer a cuarto grado; y Kauraslampi, de quinto a noveno grado. Primer, segundo, tercer, cuarto y quinto grado serían los cursos de segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto de Primaria en España, respectivamente. Mientras que sexto, séptimo, octavo y noveno grado serían los cuatro cursos de Secundaria.

Los valores de esta escuela se basan en que el alumno sea activo, responsable, consciente de su comunidad y del bienestar y la seguridad en su vida cotidiana. El objetivo de la escuela es proporcionar la oportunidad de aprender a todos de acuerdo con sus habilidades y necesidades. Ésta coopera con el hogar y la comunidad, apoyando el crecimiento estudiantil como un miembro responsable y activo de la sociedad. El alumno es un participante activo, aprendiendo a establecer metas y resolver problemas, tanto de forma independiente como con otros. Éste es guiado para incorporar lo que ha aprendido en el pasado y, durante el proceso de aprendizaje, el alumno evalúa sus propias actividades a través de una orientación y retroalimentación realista y variada.

Mi aventura en el colegio empezó el lunes, cuando me recibió a primera hora Aino, profesora de inglés y español en varios cursos, y está ayudándome a coordinar mis clases. Me enseñó el colegio y me explicó un poco su funcionamiento.

En lo que respecta al horario la entrada la realizo a las 8.15 y la salida a las 13.55; y las clases son seis tramos de 45 minutos con descansos de 5, 15, 15, 25 (almuerzo) y 10 minutos.

De momento he estado en clases de Inglés, Español, Home Economics, Finlandés e Historia. Aunque iré cambiando para probar y aprender lo máximo posible de diferentes asignaturas.

Me comunico en inglés con todo el mundo, salvo con Aino que lo hago a veces en español.

De todas las preguntas que me hacen, hay una que quería destacar en esta entrada:

¿Qué diferencias ves con el Sistema Educativo de España?

Creo que es muy pronto para sacar alguna conclusión sobre lo que veo en este colegio finlandés, y que además, ¿con quién lo estoy comparando?

Yo conozco solo una minúscula realidad de la educación en España, que es básicamente mi experiencia en los colegios en los que he sido alumno o en los que he hecho las prácticas.

En cada Comunidad Autónoma se trabaja de una manera, y cada colegio y cada profesor en el aula lleva a cabo su trabajo con diferentes matices. Encontrándose así en la misma provincia, ciudad o incluso barrio, aulas en las que se imparte la enseñanza de formas totalmente distintas. Ya que los maestros se tendrán que adaptar a un contexto totalmente diferente, porque cada niño es un mundo.

Es decir, puede que el método que aquí usen sea muy efectivo, pero que no fuera útil copiarlo en mi futura aula, porque el contexto fuese totalmente distinto. ¿Quién sabe?

Aun así, cada minuto que observo aquí de clase me hace reflexionar y aprender mucho.

Sorprende mucho el ambiente distendido que tienen en el aula, en la que tienen muchísima libertad. Viendo así cosas a las que no estoy acostumbrado, como por ejemplo que se les permite usar el móvil y los auriculares, ponen música o se sientan donde quieren. Lejos de recriminar el comportamiento, el profesor mantiene una actitud cercana y cómplice con una finalidad pedagógica. Se pretende, según me comentan en el colegio, generar un ambiente relajado donde el alumno no tenga miedo a cometer errores y pueda aprender de ellos, en vez de tener miedo a equivocarse.

Es cierto que el miedo escénico a la hora de hablar en público o compartir una idea con un grupo de personas, por ejemplo, aparece sobre todo por no estar en un ambiente en el que la persona se sienta cómoda y con confianza.

También se les da mucha independencia a la hora de hacer la tarea que se les propone, con el propósito de que aprendan a resolver problemas y encontrar soluciones por sí mismos, dejándolos estudiar donde y como quieran. Pero, ¿a qué edad están preparados para caminar solos?

El año pasado, cuando entrenaba al prebenjamín de la Fundación del Córdoba, los niños tenían 8 años. Tenía problemas en el vestuario los días de partido, porque algunos terminaban de cambiarse en cinco minutos y otros tardaban media hora. ¿Por qué tardaban tanto? Porque eran pequeños y aún los vestían sus padres. Por lo que todavía no habían aprendido, ya que no se les había enseñado, a cambiarse solos. Así que pensé que podía ser interesante que todos fueran cambiándose a la vez siguiendo unas instrucciones, y así aprender a cambiarse de una manera ordenada:

  1. Nos quitamos la camiseta de entrenamiento y la colgamos.
  2. Nos ponemos la camiseta de partido.
  3. Nos quitamos las zapatillas y las dejamos debajo del banco.
  4. Nos quitamos los calcetines…

Iban siguiendo los pasos todos juntos, hasta que acababan a la vez cambiados y con la mochila ordenada. Aprendieron un método para cambiarse, que luego podían usar e incluso mejorar a su manera. En un equipo de cadetes que tienen quince años, entendemos que ya deberían saber hacerlo -ya son mayorcitos- y por eso se les da libertad para hacerlo solos. Pero ya comprobé que muchos no gestionan bien su tiempo y su mochila acaba hecha un desastre e incluso pierden cosas.

Es cierto que en las clases donde son más pequeños hay más orden. Esto me recuerda a algo que se me grabó a fuego cuando hice el curso de entrenador. Y es que a los más jóvenes hay que definirle más límites, e ir dándole cada vez más libertad conforme van creciendo.

Pero, me sorprende que en determinados cursos ya se dé por hecho que los niños se deben comportar bien, y no se le corrijan algunos comportamientos.

Desde mi punto de vista creo que es importante que los niños aprendan a comportarse según el contexto en el que se encuentran, o se dirijan de una manera u otra en función de la persona que tienen delante. No puedes comportarte en clase igual que en casa, ni hablar a un profesor como si fuese un amigo en el recreo.

Aun así, donde veo la clave no es ahí, porque quizás se consiga mucho mejor resultado con un ambiente distendido y una relación cercana. Donde creo que está el límite es en el respeto. Es decir, todo irá bien mientras haya respeto mutuo. Pero, ¿acaso no es respeto escuchar al profesor mientras esté hablando? Algunos alumnos hablan, tienen auriculares con música o juegan con el móvil cuando el profesor da instrucciones.

Cada vez que me preguntan qué tal me están pareciendo, les digo que me sorprende; pero no como crítica, sino como aprendizaje. De hecho, creo que es cuestión de un cambio de paradigma por mi parte para normalizar esta metodología.

Todo esto me ha recordado también a un vídeo que nos pusieron en clase hace dos cursos.

Los niños son niños, no robots. Lo que quiere decir que hay que entender que son espontáneos y hay que permitirles que fluya su creatividad a través de un ambiente en el que se sientan cómodos. Por tanto, mucha rigidez en las normas quizás obstruya las capacidades del niño.

Como digo, es pronto para conclusiones. Me surgen todas estas reflexiones a modo de preguntas que iré resolviendo de algún modo durante estas próximas semanas.

Un comentario en “Prácticum III. Mi aventura finlandesa

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